Una mujer había pasado semanas queriendo llamar a su madre.
No era por algo urgente…
solo quería escuchar su voz, contarle cosas simples,
esas que uno deja para “luego”.
Pero los días pasaban:
👉 “mañana la llamo”
👉 “hoy estoy cansada”
👉 “el fin de semana con calma”
Y así, sin darse cuenta, el tiempo siguió.
Un día, mientras estaba en el trabajo,
recibió una llamada.
Era de su familia.
Su madre había fallecido.
El mundo se le detuvo.
No por algo que pasó…
sino por algo que no hizo.
Esa noche revisó su celular.
Vio el nombre de su mamá en la lista de contactos…
y un historial vacío de llamadas recientes.
Intentó llamarla.
Solo para escuchar el tono.
Solo para sentir, por un segundo,
que todavía estaba ahí.
Pero ya no.
Desde entonces, cada vez que piensa en ella,
no recuerda solo lo que vivieron…
también recuerda ese “mañana”
que nunca llegó.
💭
A veces creemos que siempre habrá tiempo.
Pero hay palabras que se quedan sin decir,
llamadas que no se hacen,
y abrazos que se posponen…
hasta que ya no se pueden recuperar.




